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Por qué la violencia machista aumenta durante el Mundial (y qué hacer si te está pasando a ti o a alguien cercano)

Hay algo que no se ve en las transmisiones, en los festejos en la calle ni en las fotos de las familias reunidas frente al televisor. Mientras una parte del país celebra o se lamenta por un resultado, en muchos hogares el ambiente se vuelve distinto: más tenso, más impredecible. Si notas que los días de partido tu pareja se pone más irritable, que el consumo de alcohol aumenta, que cualquier comentario puede desatar una discusión desproporcionada, o si directamente ya viviste episodios de violencia en fechas como esta, necesitas saber algo importante: no es casualidad, y no es tu culpa.

Por Jazmin Infante Faura 7 min de lectura Relaciones

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Hay algo que no se ve en las transmisiones, en los festejos en la calle ni en las fotos de las familias reunidas frente al televisor. Mientras una parte del país celebra o se lamenta por un resultado, en muchos hogares el ambiente se vuelve distinto: más tenso, más impredecible. Si notas que los días de partido tu pareja se pone más irritable, que el consumo de alcohol aumenta, que cualquier comentario puede desatar una discusión desproporcionada, o si directamente ya viviste episodios de violencia en fechas como esta, necesitas saber algo importante: no es casualidad, y no es tu culpa.


Puede que también estés leyendo esto porque conoces a alguien que atraviesa algo parecido, y quieres entender qué está pasando y cómo ayudar sin empeorar la situación. Sea cual sea tu caso, este es un tema que rara vez se habla con la claridad que merece, y que se vuelve especialmente urgente durante los grandes eventos de fútbol.


En este artículo te contamos qué dice la evidencia sobre el aumento de la violencia machista durante el Mundial, por qué ocurre este fenómeno, y qué se puede hacer, tanto si te está pasando a ti como si querés acompañar a alguien que lo está viviendo.


Qué dice la evidencia sobre el fútbol y el aumento de la violencia machista

Esto no es una percepción ni una exageración: es un patrón documentado por múltiples estudios en distintos países. Una investigación de la Universidad de Lancaster, que analizó denuncias policiales en Inglaterra durante los mundiales de 2002, 2006 y 2010, encontró que los casos de violencia doméstica aumentaban un 26% los días en que la selección inglesa ganaba o empataba, y un 38% cuando perdía. En Colombia se registraron incrementos de hasta un 38% en los días de partido durante el Mundial de 2014, y en Costa Rica las llamadas por violencia de género subieron un 45% durante ese mismo torneo. En Brasil, un estudio que analizó varios años de liga local encontró aumentos de más del 20% tanto en amenazas como en agresiones físicas contra mujeres en días de partido.


Es importante ser precisas con esto: el fútbol no es la causa de la violencia machista. Los especialistas son claros en este punto. Lo que ocurre es que los grandes eventos deportivos funcionan como un amplificador de dinámicas de violencia que ya existían antes del partido. Hay varios factores que se combinan para generar este efecto:


El consumo de alcohol. Distintos estudios señalan que buena parte del aumento en las agresiones está directamente asociado al consumo de alcohol durante los partidos, mucho más que a la emoción del juego en sí. Un estudio de la Universidad de Warwick encontró que las agresiones sin consumo de alcohol de por medio no mostraban el mismo incremento.


Las demandas de masculinidad. Los grandes torneos deportivos suelen estar atravesados por ideas sobre cómo "debe" comportarse un hombre: no mostrar debilidad, canalizar la frustración con enojo, sentir que el resultado del equipo es una extensión de su propia identidad. Cuando esa frustración no encuentra otra salida, en algunos casos se descarga sobre quienes están cerca.


El llamado "efecto del día siguiente". La violencia no siempre ocurre durante el partido. De hecho, algunos estudios muestran que las llamadas de auxilio bajan mientras el balón está en juego, y suben de forma sostenida después, con un pico entre diez y doce horas más tarde. Esto es clave para entender que el riesgo no termina cuando termina el partido.

Entender estos factores no busca justificar nada. Busca algo distinto: que si estás viviendo esto, entiendas que no se trata de "mala suerte" ni de algo que dependa de ti, sino de un patrón conocido, con causas identificadas, frente al cual existen formas de protegerse y de buscar ayuda.


Tres cosas que puedes hacer, para ti o para acompañar a alguien

1. Reconoce las señales, sin minimizarlas

A veces cuesta identificar el riesgo cuando está mezclado con la excusa del "es el fútbol, se le pasa". Presta atención a patrones como el aumento de la irritabilidad en días de partido, el control excesivo sobre lo que haces o dices durante esas fechas, el consumo de alcohol que se sale de lo habitual, o comentarios agresivos que antes de un partido no aparecían. Si ya viviste un episodio de violencia física, verbal o psicológica en una fecha de partido, tómalo en serio: no es "solo esa vez", suele formar parte de un patrón que se repite.

Si estás acompañando a alguien, también puedes prestar atención a cambios en su comportamiento en fechas de partidos importantes: que se ponga más callada, que cancele planes de último momento, que evite hablar del tema. No hace falta confrontar directamente; a veces basta con preguntar con calma "¿cómo estás?" y dejar claro que estás disponible sin presionar.


2. Ten un plan básico de seguridad y comparte tu situación con alguien de confianza

Si sientes que estás en una situación de riesgo, es importante no atravesarlo en soledad. Guarda a mano los números de emergencia y de líneas de atención a víctimas de violencia de género de tu país o ciudad, y avisa a alguna persona de confianza (familiar, amiga, vecina) sobre tu situación, para que sepa cómo actuar si necesitas ayuda. Si convives con la persona que ejerce la violencia, pensar de antemano un lugar seguro al que ir en caso de que la situación escale, aunque sea a modo de plan mental, puede marcar la diferencia.

Si estás acompañando a alguien, ofrécele información sin imponerla: comparte los números de las líneas de ayuda disponibles, hazle saber que puede contar contigo, y evita cualquier comentario que la haga sentir juzgada por no haber actuado antes. Salir de una situación de violencia no es una decisión simple ni rápida, y la presión externa muchas veces no ayuda, aunque venga desde el cariño.


3. Buscar ayuda profesional, tanto especializada en violencia como en salud mental, es un paso central

Si estás viviendo una situación de violencia, es fundamental contactar a organizaciones especializadas en violencia de género, que pueden orientarte sobre los pasos legales, de protección y de contención específicos para tu situación. Pero además de eso, buscar apoyo psicológico es igual de importante, y muchas veces se deja para después, cuando en realidad puede sostenerte durante todo el proceso.


Un proceso terapéutico te da un espacio para procesar el miedo, la confusión, la culpa que muchas veces aparece sin razón, y la ansiedad que suele acompañar este tipo de situaciones, tanto si estás en medio de ellas como si ya saliste y estás reconstruyendo tu vida. La terapia no reemplaza a las líneas de emergencia ni a los servicios especializados en violencia, pero es un complemento fundamental: te ayuda a sostener el proceso emocional, a fortalecer tu autoestima y a recuperar la confianza en ti misma, algo que la violencia suele erosionar de forma silenciosa. Si estás acompañando a alguien, también puede servirte a ti procesar la angustia que genera ver a alguien querido en esta situación, y encontrar la mejor forma de apoyar sin desgastarte por el camino.


Para cerrar

El aumento de la violencia machista durante el Mundial no es un mito ni una casualidad: es un patrón real, documentado en distintos países, que combina alcohol, demandas de masculinidad y dinámicas de violencia que ya existían antes del evento. Si esto te está pasando, no es tu culpa, y no tienes que resolverlo sola. Reconocer las señales, armar una red de apoyo y buscar ayuda tanto especializada en violencia como psicológica son pasos reales que puedes dar, para ti o para alguien que quieres acompañar. Ningún resultado deportivo justifica la violencia, y nadie tiene que atravesar esto en silencio.

Preguntas frecuentes

Sí. Distintos estudios en países como Inglaterra, Colombia, Brasil y Costa Rica muestran incrementos significativos en las denuncias de violencia doméstica durante los días de partido, especialmente cuando se combina con el consumo de alcohol.
No. El fútbol no genera la violencia, sino que actúa como un amplificador de dinámicas de violencia y de demandas de masculinidad que ya existen. El consumo de alcohol y la frustración deportiva suelen ser factores que intensifican comportamientos preexistentes, no su origen.
Busca el número de la línea de atención a víctimas de violencia de género de tu país o ciudad y guárdalo a la mano. Avisa a alguien de confianza sobre tu situación, y si estás en peligro inmediato, contacta a los servicios de emergencia. No tienes que resolverlo sola ni esperar a que la situación empeore para pedir ayuda.
Ofrécele tu disponibilidad sin presionar, comparte información sobre líneas de ayuda si lo considera necesario, y evita juzgar sus tiempos o decisiones. Salir de una situación de violencia es un proceso complejo, y sentirse acompañada, sin presión, suele ser más útil que cualquier consejo directo.
Sí, y es un complemento importante junto con el apoyo de organizaciones especializadas en violencia de género. La terapia te ayuda a procesar el miedo, la ansiedad y la culpa que suelen aparecer en estas situaciones, y a reconstruir tu autoestima y tu confianza, tanto durante el proceso como después de haber salido de la situación.
Si sientes miedo, ansiedad o angustia relacionados con tu situación actual o pasada, si te cuesta confiar en otras personas después de haber vivido violencia, o si simplemente sientes que necesitas un espacio para procesar lo que atravesaste, esos son buenos momentos para buscar acompañamiento psicológico.

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